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Villa Constitución 07/10/2026

Miguel Santos: la historia que movilizó las redes

Una publicación de Mauri Barreto visibilizó el esfuerzo diario de Miguel Santos y motivó la visita solidaria del influencer Ema Monzón.



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La historia de Miguel Ángel Santos movilizó a las redes sociales y generó una cadena de gestos que llegó hasta Villa Constitución. Todo comenzó con una publicación de Mauri Barreto, quien decidió visibilizar el trabajo cotidiano del vendedor sin hablar por él ni exponer su situación.

El joven compartió un carrusel de imágenes y destacó la humildad, la constancia y la calidad humana de Miguel. Su intención era que el mensaje llegara a alguien que pudiera ofrecerle una oportunidad o acercarse a conocer su recorrido.

“No quiero hablar en su nombre, ni generar lástima, mucho menos exponer su situación. Simplemente creo que cuando tenemos la posibilidad de hacer algo bueno por alguien, vale la pena intentarlo”, escribió Barreto.

 

La publicación llegó hasta Ema Monzón

El contenido se volvió viral y alcanzó a Emanuel “Ema” Monzón, creador rosarino de 29 años conocido por sus acciones solidarias. Reúne a más de cinco millones de seguidores entre TikTok e Instagram, donde publica videos centrados en ayudar a personas en situación de vulnerabilidad.

Monzón viajó el martes por la tarde y encontró a Miguel en su puesto del semáforo de ruta 21 y Sívori. “La gente te quiere mucho, sos un buen hombre”, le dijo durante el encuentro.

El influencer compró toda la mercadería disponible, le pidió que por esa tarde regresara a descansar y le transfirió una suma muy superior al valor de los productos. La escena se cargó de emoción, pero el episodio también puso en primer plano el recorrido que Miguel sostiene desde hace más de una década.

 

Del cierre de Paraná Metal al puesto callejero

Miguel comenzó con este emprendimiento en 2010, cuando el cierre de Paraná Metal lo dejó sin empleo. Al no encontrar otra oportunidad laboral, decidió producir y vender garrapiñadas, pochoclos, miel y almendras con la ayuda de su hija.

“Como no conseguí más trabajo por ningún lado, tuve que emprender por cuenta propia”, contó. Su hija participa en la elaboración y él se ocupa exclusivamente de la venta. La actividad representa un ingreso para ambos hogares.

Durante los primeros años se trasladaba en un Corsa y recorría San Nicolás, actos vinculados con los obreros y distintos eventos de la región. Una falla en el motor redujo su movilidad y lo llevó a instalarse de manera fija en el semáforo.

De lunes a viernes trabaja en barrio Ré, habitualmente entre las 10 y las 17. El punto elegido le permite coincidir con la salida de los trabajadores de las fábricas y reencontrarse con antiguos compañeros.

“Agarré un punto estratégico porque salen los muchachos de Acindar. Como yo también trabajaba en fábrica, los conozco y me dan una mano. Me siento identificado porque fui obrero”, explicó.

Los sábados se ubica en el semáforo de Chapuy.

La venta es hoy su principal sustento. Miguel reconoce que el contexto económico dificulta la actividad, aunque valora el acompañamiento de quienes se detienen a comprar. “Gracias a que la gente compra, yo vivo de esto”, resumió.

Su necesidad más concreta es recuperar el vehículo. El motor está dañado y busca reunir el dinero para rectificarlo, un objetivo que encara sin apuro. La difusión iniciada por Barreto y la respuesta de Monzón no borraron las dificultades, pero amplificaron una historia de trabajo que la comunidad ya reconocía en la calle.