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Villa Constitución
Personaje de la Semana: Santiago Ortega
A los 22 años, un cambio de carrera y una búsqueda personal lo llevaron a crear un programa de entrevistas que, con el tiempo, incorporó publicidad y una agencia de marketing.

Nació en Rosario, pero Villa Constitución es el lugar donde creció, estudió y aprendió a mirar el trabajo como una forma de abrirse camino. En una familia de cuatro, junto a su mamá, su papá y su hermano, recibió amor, salud y educación. De aquella infancia rescata, por encima de todo, la manera en que el afecto familiar sostuvo cada etapa. “Los amigos son también el combustible de la vida; lo que le da sentido a la vida de uno es el amor”, dice.
La primaria la cursó en Cristo Rey y la secundaria, en San Pablo. Allí encontró una formación que describe con una imagen que todavía lo acompaña: fue “la gran escuela que me hizo construir las alas con las que uno quiere volar”. Al egresar eligió Ingeniería Civil y se mudó durante un tiempo a Rosario. Como técnico, creyó que ese era el recorrido esperable. No tardó en advertir que buscaba herramientas para crear una empresa y que esa carrera no terminaba de responder a su deseo.
El cambio no fue una renuncia impulsiva, sino una exploración. Mientras estudiaba ingeniería comenzó a formarse en finanzas y marketing, hasta decidir que quería profesionalizarse en esos campos. La primera conversación fue con su madre. Hubo temor, pero también apoyo. Con esa decisión buscaba demostrar que también pueden construirse caminos distintos al esquema de recibirse y trabajar de una única cosa.
De esa inquietud nació Camino del Astro. Primero fue un pódcast para conversar con emprendedores, personas que de chico no encontraba con facilidad en su entorno. No surgió de una vocación periodística —nunca había pensado estudiar esa profesión—, sino del deseo de conocer a quienes compartían su impulso por crear. El programa aborda negocios, tecnología y liderazgo, se emite por YouTube y circula en redes sociales. Con el tiempo sumó publicidad y una agencia boutique de marketing orientada a ventas, dos líneas que hoy conforman la pequeña empresa que desarrolla junto con su equipo.
Su motor, sin embargo, no se limita a hacer crecer una marca. Quiere que la compañía sea una palanca para reurbanizar y reintegrar a emprendedores, una misión que asocia con su propia búsqueda de propósito. “El viaje hacia la pasión es empírico”, sostiene. A los 17 años, observa, pocas personas saben con certeza a qué dedicarán el resto de su vida. Por eso invita a probar estudios, ámbitos y vínculos diferentes, incluso aquellos que al principio parecen ajenos: el error también forma, ensancha la mirada y ayuda a reconocer capacidades que permanecían ocultas.
Esa idea se proyecta sobre Villa Constitución. Ve una comunidad industrial, pequeña en cantidad de habitantes, pero llena de gente trabajadora y de posibilidades para quienes venden productos o servicios a otras empresas. También identifica una resistencia a incorporar herramientas digitales. Su propuesta no consiste en abandonar el mercado local, sino en usar la tecnología para ampliar el alcance. “No es grabarte y aparecer bailando en redes sociales; es promocionar tu servicio, tus productos de manera digital para que lleguen a todo el país”, explica.
En esa adaptación reconoce una urgencia propia de 2026. Cree que comerciantes, pymes y talleres necesitan dejar la carpeta como único recurso de venta y competir en un escenario más amplio. La ubicación entre Rosario y Buenos Aires y la identidad fabril de la ciudad alimentan su convicción de que existen oportunidades poco aprovechadas. Su meta es consolidar Camino del Astro y acompañar a más emprendedores dentro y fuera de Villa Constitución. Antes que esperar respuestas externas, prefiere tomar el teléfono, compartir conocimientos y poner su experiencia al servicio de otros.
A los 22 años todavía conserva delante de sí una extensión enorme de futuro, aunque ya sabe que ninguna elección llega sin dudas ni desgaste. Mira la ingeniería sin resentimiento, como una estación que lo curtió, y vuelve a las aulas, a la casa familiar y a las voces de sus abuelos para medir la distancia recorrida. Quizá crecer sea eso: agradecer las manos que ayudaron a salir del nido y aceptar que las alas sólo encuentran su dirección cuando se animan a atravesar el miedo.