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Villa Constitución
Rosedal por la Vida: memoria y conciencia vial
A 26 años de su creación, familiares renovaron rosales y reafirmaron el valor del espacio como símbolo de memoria y prevención vial.

En Villa Constitución, el Rosedal por la Vida volvió a convocar a familiares y referentes de la prevención vial en una fecha atravesada por la memoria. A 26 años de su inauguración, el espacio fue nuevamente puesto en valor con la colocación de rosales, en una actividad que mantuvo vivo su sentido original: recordar a quienes perdieron la vida en incidentes de tránsito y sostener un llamado colectivo al cuidado.
Mirta Pellerino, mamá de Leandro y una de las impulsoras del lugar, recordó que el aniversario se cumplió el 21 de agosto y que la convocatoria se realizó días después por motivos particulares. La ceremonia tuvo un carácter sencillo y simbólico: renovar los rosales para que el sitio continúe como punto de encuentro abierto a distintas generaciones.
El valor del Rosedal no se limita a su presencia urbana. También funciona como una señal permanente sobre las consecuencias de la inseguridad vial. Para Pellerino, el jardín debe seguir siendo “un mojón” que permita recordar por qué fue creado y a quiénes representa. En esa línea, unió la memoria con la educación, una tarea que comenzó en las escuelas junto a otros padres y luego derivó en un proyecto municipal orientado a edades tempranas.
“A mí, como mamá e inspectora, me hacía muy bien hablar del tema”, contó Pellerino. También aclaró que no todos los familiares pudieron sostener esa exposición: “Hay muchos papás que hacían un esfuerzo sobrehumano para hablar sobre la muerte de sus hijos y lo importante de cuidarse para que no suceda”, aunque con el tiempo algunos dejaron de participar porque el desgaste emocional les impedía continuar.
En los últimos años, el trabajo encontró continuidad con la participación de Natalia Parisi en el área de Educación Vial del Municipio. Pellerino valoró que esa iniciativa retomara el eje de la concientización, especialmente entre quienes se preparan para obtener la licencia de conducir. De allí surgió el documental “Voces que el camino dejó”, una pieza audiovisual en la que familiares de víctimas relatan el antes y el después de una pérdida.
Nora Fiorentino se sumó a ese recorrido desde una experiencia personal marcada por la muerte de su hija Romina. Aunque antes había trabajado en seguridad vial, explicó que el dolor modificó su vínculo con el tema y que participar en acciones de apoyo y formación le permite transformar parte de ese sufrimiento en advertencia para otros. “Me hace bien contarlo, me hace bien ayudarlos a ver otro panorama”, expresó. Y agregó: “No solamente muere un hijo, muere toda una familia; también detrás de ellos se van muchas cosas, muchas ilusiones, muchas historias”.
Fiorentino remarcó que el mensaje central apunta a los jóvenes, porque de sus decisiones depende evitar nuevas tragedias. “Si podemos cambiar a ese chico, a esa chica, vas a ir ganando todos”, sostuvo. Al evocar el trabajo inicial en escuelas primarias y secundarias, reconoció que con el tiempo comprendió con mayor profundidad la importancia de aquellas charlas y destacó la persistencia de quienes sostuvieron la causa cuando el dolor atravesaba a las familias.
El documental busca que la comunidad tome conciencia desde el punto de vista de quienes quedan. “No es solamente el que se fue; es el que quedó, el afectado”, afirmó Fiorentino. En su testimonio habló de sueños, proyectos e ilusiones interrumpidas, además del daño persistente en hermanos, padres y familias enteras. “Ojalá podamos cambiar cabezas, ojalá”, pidió.
En el cierre, Pellerino dejó una reflexión que amplía la mirada sobre cada incidente vial con pérdida de vidas. Advirtió que el daño alcanza tanto a la familia de la víctima como a la del conductor involucrado, aun cuando el hecho haya sido involuntario. “Nosotros, como parte de ser familia víctima, vamos a sufrir hasta el último segundo de nuestra vida la pérdida de nuestro ser querido”, finalizó.